River Plate propinó una contundente goleada a Vélez Sarsfield, asegurando así el segundo puesto en la Zona B y su clasificación a los octavos de final, donde se medirá con Barracas Central. La visión de Marcelo Gallardo, quien había pedido paciencia para su equipo, finalmente se cristalizó en una racha de tres victorias consecutivas. Este triunfo no solo le permite al «Millonario» definir las siguientes fases en el Monumental, sino que también reafirma una identidad de juego basada en la intensidad y la precisión, un optimismo que se viene gestando desde la victoria ante Gimnasia y que se consolidó tras el empate en Quito y el triunfo en el Superclásico.
Si bien los errores puntuales del joven arquero velezano facilitaron los dos primeros goles de River (Driussi aprovechó un rebote y Nacho Fernández culminó una jugada iniciada por Mastantuono), la victoria del equipo de Gallardo fue mucho más que fallos rivales. La clave radicó en la «presencia» del equipo, una combinación de intensidad y precisión que se evidenció en la movilidad de sus volantes internos, desarticulando el mediocampo rival, y en la solidez de Enzo Pérez en la recuperación.
El tercer gol fue un ejemplo de la calidad colectiva que River puede desplegar, con una gran jugada que incluyó a Mastantuono, Nacho Fernández y Colidio. Este tanto reflejó la satisfacción de Gallardo por la gestión del balón y la definición. A pesar de un breve intento de reacción de Vélez en el segundo tiempo, la diferencia en la calidad de los planteles se hizo evidente. Mientras River cuenta con recambios para mantener la intensidad, el equipo de Guillermo Barros Schelotto careció de las mismas opciones.
Finalmente, el penal convertido por Borja selló el 4-1, una victoria que revierte las dudas del pasado y proyecta un futuro optimista para River en la Copa de la Liga. La paciencia de Gallardo y el crecimiento sostenido del equipo han dado sus frutos, permitiendo que lleguen a la fase final con la moral alta y la ventaja de definir en casa.
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